Luz en la oscuridad

Luz y oscuridad, dos caras de una misma moneda o tal vez una sola. Normalmente tendemos a separar las cosas, a etiquetarlas, a darles un nombre para que así nuestro universo no sea tan complicado.
No nos engañemos, en verdad, todo forma parte de una única realidad, no hay día sin noche, no podemos esperar que así sea. Solo debemos tratar de comprenderlo y aprender, abrir los ojos, y andar a tientas si hace falta con la esperanza de ver a lo lejos aquel pequeño y ridículo faro al que sin saber muy bien por que nos aferramos, seguimos caminando, tal vez no lo alcancemos nunca, o tal vez si, lo importante es tener muy presente su existencia cuando nos toque un tramo del camino en penumbra y no desfallecer, paso a paso y cada paso será un paso menos.
Si la noche es cerrada como un fundido en negro y no nos permite ver, durará poco. Si de verdad lo pensamos son mas largas las horas en que contamos con una pequeña guía en el camino.
A los que hoy sufren, a los que están perdidos en la tormenta, a tanta y tanta gente que no es capaz de vislumbrar una luz que les guíe en el trayecto, no puedo más que decirles que conozco demasiado bien ese sentimiento. No obstante, No es conveniente correr, exigirse recorrer el camino a trompicones y tampoco aferrase a la comodidad del fatalismo.
Sigamos nuestro propio ritmo. En ocasiones resulta necesario pararse, tomarse un tiempo, sentirse perdido en el mar y vivir en plenitud ese sentimiento de desasosiego, esquivarlo, no permitirse sentir, no es de ninguna manera el camino adecuado por mucho que esta sociedad hedonista nos diga lo contrario. Después y solo después seremos capaces de, al menos, abrir un poco los ojos y darnos cuenta de que allá a lo lejos está el ese pequeño faro que nos guía y que tal vez ha estado siempre ahí aunque no lo hayamos visto antes.

“No es la luz lo que importa en verdad son los doce segundos de oscuridad”
hermosa frase, hermosa canción

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